Hay una frase que se repite mucho en las familias: «se ha caído, pero no ha sido nada». Y muchas veces es verdad. Pero también es verdad que esa caída que no dejó marca suele ser un aviso. A partir de ahí, la persona empieza a moverse menos, a salir menos, a agarrarse a los muebles. Y sin darse cuenta, va perdiendo seguridad.
Por eso en fisioterapia geriátrica no hablamos solo de la caída. Hablamos de todo lo que hay antes y de todo lo que puede venir después. Evitarla no es cuestión de suerte. Es cuestión de mirar bien, corregir lo que se pueda y entrenar lo que hace falta.
Una caída en una persona mayor no es solo un golpe. Es el punto en el que muchas veces se rompe la autonomía. Después de una caída importante, es frecuente que aparezca el miedo a volver a caerse, y ese miedo hace que la persona camine menos, se siente más y pierda fuerza. Es un círculo que se cierra poco a poco.
La buena noticia es que ese círculo se puede romper. Y cuanto antes se empiece, mejor. No hace falta esperar a que haya una caída para actuar. De hecho, lo ideal es justo lo contrario: mirar antes de que pase.
En qué tenemos que fijarnos para evitar caídas
Cuando valoro a una persona mayor en su casa, me fijo en varias cosas a la vez. No es solo el equilibrio ni solo la fuerza. Es la suma de todo lo que ocurre en su día a día.
Cómo se mueve. Si se levanta del sofá empujándose con los brazos, si tarda en girarse, si camina mirando al suelo, si da pasos muy cortos. Todos esos detalles dicen mucho de cómo está su control postural.
Cómo está su fuerza. Sobre todo en piernas y cadera. Levantarse de una silla sin usar las manos es un gesto muy útil para saberlo. Si le cuesta, es una señal.
Cómo está su equilibrio. No solo de pie quieto, sino al girarse, al cambiar de dirección, al caminar mientras habla. Ahí se ven los desequilibrios pequeños que preceden a muchas caídas.
Cómo es su casa. El baño, la cama, los pasillos, la iluminación, el calzado. A veces el problema no está en la persona, está en una alfombra que se mueve o en una luz que no se enciende desde la cama.
Cómo está su cabeza. El miedo, la inseguridad, la pérdida de confianza. Una persona que tiene miedo a caerse camina peor. Y una persona que camina peor tiene más riesgo de caerse.
¿Qué puede hacer la fisioterapia geriátrica?
La fisioterapia geriátrica no es solo masaje ni ejercicios sueltos. Es valorar, entender y entrenar lo que esa persona necesita para moverse con más seguridad en su vida real.
Puede ayudar a recuperar fuerza en las piernas, a mejorar el equilibrio, a corregir el patrón de marcha, a ganar confianza al caminar. También puede enseñar al cuidador cómo ayudar sin hacerse daño y cómo adaptar la casa para que sea más segura.
Y algo importante: no trabaja igual con todos. No es lo mismo una persona mayor sana que ha tenido un susto, que alguien con Parkinson, con secuelas de un ictus o con deterioro cognitivo. Cada caso necesita un enfoque distinto.
¿Cómo lo trabajamos a domicilio?
En Fisiodomus trabajamos la fisioterapia geriátrica en casa, en Vigo y Pontevedra.
Primero valoramos. Miramos cómo se mueve la persona, cómo está de fuerza y equilibrio, y cómo es su entorno. No en una camilla, sino en su pasillo, en su baño, en su salón.
Después entrenamos. Ejercicios de fuerza y equilibrio adaptados a su nivel, con progresiones claras y seguras. Trabajamos también las transferencias, es decir, cómo levantarse de la cama, del sofá o del inodoro con seguridad.
Y por último, dejamos pautas. Al paciente y a la familia. Qué hacer, qué evitar, cómo ayudar, qué cambios sencillos hacer en casa. Porque la prevención no se hace solo en la sesión. Se hace todos los días.
¿Cuando conviene pedir ayuda?
Si ha habido caídas repetidas aunque no hayan causado lesión, si la persona tiene miedo a caminar o a salir, si ha perdido fuerza en un lado, si tiembla, o si cada vez le cuesta más levantarse de la silla sin usar los brazos, merece la pena una valoración.
No hace falta esperar a que sea grave. De hecho, cuanto antes se valore, más fácil es prevenir. Si tienes dudas sobre un caso concreto, puedes escribirnos sin compromiso.
En Fisiodomus ofrecemos un servicio de fisioterapia en Vigo y Pontevedra completamente personalizada, nos adaptamos a ti.
Soy Pablo, fisioterapeuta con una especialización en fisioterapia deportiva desde 2007. Comencé mi carrera en Galicia, trabajando en clínicas y hospitales privados, donde adquirí experiencia en diversas patologías, y luego continué en una multinacional de seguros, aprendiendo a tratar patologías traumatológicas y aplicando esta visión en mi práctica privada.
He complementado mi formación con especializaciones en terapia manual, punción seca, fibrolisis instrumental miofascial, tratamiento de disfunciones temporomandibulares y Pilates. Me encantaría ser tu fisioterapeuta y ayudarte en tu camino hacia una mejor calidad de vida.
- Pablo Quintela
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